Veinte años después, los «Bleus» bordan una segunda estrella en el corazón. Si recordamos la Francia del 98 y miramos la de hoy, no hay duda; el fútbol de ayer vale para el fútbol de hoy y el triunfo, está en la integración.

 

Deschamps, Zinedine Zidane y una selección de luchadores – Thuram, Desailly, Lebouef, Karembeu, Vieira o Petit, marcaron la historia en 1998. Se abrazó el mito de un equipo «black, blanc, beur» (negro, blanco y árabe), Francia reconociéndose explícitamente a sí misma como una comunidad multirracial y el aquel presidente de la República, Jacques Chirac, dijo entonces que era el triunfo de una Francia “tricolor y multicolor”.  

Esa victoria había hecho más para la integración que décadas de política.

Deschamps conecta con la pedagogía del deporte como fórmula de integración. La mayoría de los jugadores de la selección francesa son hijos de la inmigración, entre ellos el 60% de origen africano. Hoy el talento de Griezmann o Mbappé, hubiera sido en vano sin el músculo de los Pogba, Kanté o Matuidi.

Misma constatación para Bélgica, otro de las mejores equipos de este mundial : 11 de sus 23 futbolistas son hijos de inmigrantes. Esos jóvenes que han defendido con éxito a sus selecciones nacionales, solo tratan de vivir en la tierra que sus padres eligieron y no son distintos a todos los demás que, como ellos, migraron de sus países en búsqueda de un futuro mejor. Ellos contribuyen a la sociedad en la que viven con su esfuerzo y su talento.

Está demostrado que la acogida e integración de migrantes genera bienestar social; entre las características que definen a una nación inclusiva se encuentran: la lucha contra la discriminación, la diversidad en las escuelas y barrios, la conexión entre personas de distintas culturas, el rechazo a los estereotipos y al odio.

Las sociedades europeas necesitan a los inmigrantes y a sus hijos tanto como los necesitan los equipos de fútbol.

Necesitan su savoir-faire, su pasión, sus ganas de triunfar. Los necesita como trabajadores, como emprendedores, como contribuyentes. Necesitan su juventud y su energía, en una Europa cada vez más envejecida.

El triunfo está en la diversidad cultural y la integración. Con más de 30 nacionalidades representadas en Moneytrans lo tenemos bastante claro!